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25/06/2019

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"El sonido de la memoria: Maria Carta" de Maria del Mar Bonet
En Siligo (Cerdeña), pueblo natal de la Maria Carta, hay una Fundación-Museo que lleva su nombre y que recuerda su vida (1934-1994).

Maria CartaA principios de año, el director de esta fundación me dio una buena noticia: me otorgaban el Premio Maria Carta 2008. La intención de estos premios anuales es reconocer el trabajo de artistas sardos y también de artistas de fuera que han contribuido a la difusión de la cultura sarda.

Me lo dieron el 10 de agosto en el pueblo, dentro de una celebración de todo un día que empezaba con un encuentro en el ayuntamiento, donde la alcaldesa recibió a todos los galardonados dándoles la bienvenida. Después celebraron una misa en la iglesia, donde cantaron algunos artistas sardos, y antes de comer asistimos en la inauguración de una plaza en el medio del pueblo, con el retrato y el nombre de María. Por la noche se efectuó la entrega de los premios en la misma plaza, que tiene la forma de un pequeño anfiteatro.

Siligo se encuentra cerca de Sassari y del Alguer. Tiene mil habitantes, que viven aún del trigo y del pastoreo. En Siligo, además de dar nombre al pueblo, es una variedad de trigo superior. Entre olivos y viñedos, también han construido hace pocos años un observatorio astronómico, que acoge a científicos, estudiantes y turistas.

Fue una alegría doble para mí. Primero, porque había conocido a Maria Carta, habíamos cantado juntas y teníamos una buena amistad. Y segundo, porque me lo daban por mi versión de la canción sarda “Boghe, ´E Riu”, que yo titulé “Des de Mallorca a L’Alguer”, canción que nunca he sacado de mi repertorio y que también Nacho Duato ha incluido en el ballet sobre canciones mías “Arenal”.

Maria del Mar BonetHacia finales de los 70, alguien me regaló un disco de María Carta. Todo eran canciones tradicionales sardas. Escuchándola me vinieron ganas de conocer más su isla, su cultura y su lengua. Su voz me cautivó, profunda y tierna al mismo tiempo. Tenía una gran seguridad, que solo da el hecho de haber respirado desde pequeña todo el tesoro que es haber nacido en un pueblecito de Cerdeña como el suyo.

Maria, en los años 50, ganó el título de miss Cerdeña. Era muy guapa, de una belleza muy mediterránea. Cuando nos conocimos en París en el año 1984 aun impresionaba. Participábamos en unos recitales que duraban tres semanas al Teatre de la Ville. Las banderolas anunciaban “Les tres Maries”. Maria Carta, Maria del Mar Bonet, Maria Farantouri.

El primer día coincidimos en el hotel, ella iba acompañada por su marido y su hijo, un niño de cuatro años, David. Nos venían a recoger por la mañana para participar en un programa de promoción del festival en la televisión. Yo aun no la había visto nunca cantar en directo. Lo hizo a capella, un Ave Maria en sardo. Preciosa...

Ese día tuvimos tiempo de hablar mucho rato. Comentamos los respectivos repertorios que cantaríamos en el teatro. Canciones de trabajo de campo, de cuna, danzas, poesía, etc. Constatamos que teníamos muchas cosas en común, tradiciones, palabras, ritmos y el hecho que nuestras islas estaban tan cerca y parecían tan lejos.

Las dos habíamos marchado de jóvenes, ella hacia Roma y yo hacia Barcelona, y sentíamos lo que quería decir irse, dejar lejos la familia, los amigos..., el nuevo camino nos daba nuevos aprendizajes y nos abría posibilidades profesionales hasta entonces impensables. Todo esto acompañado siempre por el sentimiento de añoranza, y también por una sensación ambigua de pertenencia y de exclusión al mismo tiempo. Como dice Isidor Marí hablando también de su hija: “tu siempre me serás esquiva / yo por siempre seré tuyo”.

Maria CartaA lo largo del tiempo nos fuimos encontrando, y recuerdo la última vez que la vi. Fue en Barcelona, en la Plaça del Rei, invitada por el Ayuntamiento. Aproveché para enseñarle la ciudad y le regalé mi último disco, donde se encontraba la canción sarda “Boghe, ´E Riu”, que había versionado al catalán Albert García. Ella me dijo que esta canción la había descubierto y cantado de nuevo hacía muchos años. Cuando empezó a cantar en Cerdeña fue la primera en dar importancia a la música tradicional porque la gente de a isla miraba este repertorio con cierta indiferencia. Su esfuerzo, y el éxito como artista que tuvo después, resulto definitivo para conseguir que en Cerdeña se tomara conciencia  de la riqueza de la música sarda.

Estuvo ligada al Partido Comunista Italiano, y la eligieron concejal comunal en Roma del 1976 al 1981. “Alguien se puede sorprender –decía Maria-, no tanto de mi candidatura, si no al enterarse que soy comunista... Pienso francamente que se debería de sorprender de lo contrario... por mis orígenes, mi manera de vivir, el mundo sufrido de mis cantos sardos me han llevado hacia esta única identidad. Soy una mujer que lucha porque se pueda realizar, en nuestro país, un futuro humano más justo.”
 
Impartió cursos de Antropología y Tradiciones Populares en la Universidad de Bolonia. Escribió poesía, recogida en su libro Canto rituale. Además de su larga carrera de cantante (26 discos y recitales alrededor del mundo), fue también actriz e hizo teatro y películas (Jesús de Natzaret de F. Zeffirelli y El Padrino II, de F.F. Coppola, entre las más importantes).

Desde que empezó su carrera, fue una ventana abierta sobre su tierra, su cultura y su lengua, sobre la gran y extraordinaria riqueza de tradiciones de su Cerdeña. Hacia el año 1989 enfermó de un cáncer de pecho y luchó hasta 1994. No dejó de cantar hasta un mes antes de morir. Estos días, de alguna manera, ha sido ella quien me ha invitado a ver su pueblo. De la mano de sus hermanos, de su hijo David y de sus sobrinos, he recorrido su pueblecito. Me han enseñado el museo y la fundación donde guardan y proyectan sus películas, sus discos, vídeos y libros. Sus vestidos e instrumentos que la acompañaban.

En Siligo, donde continúan sembrando y recogiendo el trigo, las aceitunas y el vino. Donde guardan para siempre la voz de Maria Carta.

Maria del Mar Bonet
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